Los ácidos nucleicos son polímeros de nucleótidos (azúcar + base + fosfato) que almacenan y transfieren información. Aunque la doble hélice B es la forma canónica del ADN, la evidencia moderna muestra que la estructura secundaria no canónica es funcionalmente central: un estudio con la polimerasa Klenow demostró que los i-motivos detienen la replicación mucho más que los G-cuadruplex o las horquillas, con una constante de estancamiento (ks) de 4.5 min⁻¹ frente a 0.08 min⁻¹ del G4 antiparalelo . Esto subraya que la topología, no solo la estabilidad termodinámica, dicta el impacto biológico.
El dicroísmo circular (CD) es el método empírico estándar para caracterizar estas conformaciones: el ADN de E. coli en condiciones fisiológicas muestra máximo cerca de 280 nm, mínimo cerca de 250 nm y cruce en 260 nm, firmas que cambian según composición de bases y estructura .
La estabilidad de los dúplex puede manipularse químicamente: la incorporación del nucleósido de doble cabeza 5′(S)-C-(2-(timin-1-il)etil)timidina impuso penalizaciones térmicas consistentes (ΔTm de −4.0 a −21.0 °C) en dúplex y uniones de tres vías . En contraste, los PNA (ácidos peptido-nucleicos) pueden hibridar eficazmente con dianas de ADN/ARN estructuradas que bloquean a los oligonucleótidos tradicionales .
El superenrollamiento genera fuerzas que regulan la expresión génica (p. ej., c-myc) mediante conformaciones alternativas del ADN . Hoy, herramientas como DRfold2 predicen estructuras de ARN ab initio mediante modelos de lenguaje compuestos, con >100% de mejora en precisión de contacto, aunque el rendimiento decae en ARNs >200 nucleótidos .
Límites: la mayoría de datos provienen de experimentos in vitro con oligonucleótidos sintéticos; la extrapolación al ambiente celular (iónico, proteico) es incierta . Conclusión con confianza moderada-alta: ADN y ARN son moléculas cuya función depende críticamente de su paisaje estructural, no solo de su secuencia.
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